domingo, 1 de mayo de 2022

EL CONCEPTO DE VIDA Y MUERTE EN LOS PUEBLOS NATIVOS

El concepto de vida y muerte en los pueblos nativos

Sisa Pacari Bacacela

“Así como nacemos, morimos. Nacer es morir y morir es nacer”.

A propósito de noviembre, Ayamarkay,1 llamado así en el mundo andino quiero compartir algunas tradiciones y formas de pensamiento sobre vida y muerte, que se mantienen vivas en la vida de los pueblos y comunidades nativas. Me refiero al paradigma del”ciclo vital andino”.

Según la percepción andina, el mundo es un ciclo vital que tiene 4 fases:

  • El espacio de la creación. La creación viene del Hanan Pacha, o Alak Pacha, el mundo de arriba, del espacio de Illa Tiksi Wirakucha Pachayachachik. El origen de la luz o la Gran Energía Sagrada, desde allí se crea todo. Allí se encuentran las personas muertas, los seres que nos ayudan a crecer.

  • El espacio del nacimiento, que es la matriz gestante

  • El espacio del crecimiento, se da en el Kay Pacha, (el mundo de aquí), que es como una matriz de maduración de la vida. En la cual nos alimentamos del oxígeno, del agua, las plantas, las comidas. Este espacio tiene que ver con la materialidad presente; es la tierra material como una buena placenta que nos cría y desarrolla. El aquí es lo que legitima y fundamenta los otros mundos, no hay mundos separados; es la síntesis del mundo de los de arriba con los de abajo, los muertos y los vivos.

  • El espacio de la muerte. Viene del Uku Pacha: el mundo de abajo, que es otra dimensión que los aymaras llaman Mankapacha. Allí se encuentran los mallkis de nuestras ancestras y ancestros. Los originadores o raíces de la vida. Por eso en el mundo andino vida y muerte son inseparables. Cuando morimos es porque salimos de es inmensa matriz y nacemos a otro modo de realidad. Es un modo transitorio porque vamos a nacer de nuevo, es decir que vamos a morir. Porque nacer es morir y morir es nacer (Vilca, 2019).

La vida y la muerte es el punto de origen y fin de un ciclo. La comprensión e interpretación es diferente en cada cultura según los principios de relacionamiento con el Gran Cosmos y de la visión del mundo. Son dos mundos diferentes que todos tenemos que transitar, sin importar ideologías ni religiones. La vida como un ciclo de luz que se origina al nacer, y la muerte una obscuridad y de descanso. Unos dicen que entre vida muerte hay un puente, un dispositivo de relación que se transita en dos direcciones (Martínez Luna, 2019, 64) para que los mundos diferentes que están a uno y otro lado puedan visitarse sin destruirse.

Existen algunas miradas para ver los mundos y los modos de vida de la América o Abya Yala de las culturas prehispánicas. Modos de vida y pensamientos que fueron invisibilizados por los invasores y profundizados en la colonia, reducidos a creencias, supersticiones, idolatrías de gente “primitiva, salvaje, sin alma”. Podríamos decir que estos modos de vida fueron dejados de lado por la modernidad, en su progresiva racionalización del mundo; siempre el estado y la educación occidental fue en contra de estos valores, principios y prácticas andinas. Y si los considera, el estado moderno, los toma como simple mercancía turística o folklórica. Los rituales y celebraciones que no representan dinero y utilidad son dejados de lado. Sin embargo, han resistido camuflados o sincretizados hasta estos tiempos, con el calendario católico y el estado moderno.

En la cosmovisión andina el mundo de los muertos no es algo separado del mundo de los vivos. De ahí que el hecho de morir no rompe los vínculos que había con la comunidad, el difunto sigue siendo comunero, aunque en una nueva situación.

El día de los difuntos tratamos de visibilizar esas formas de relación y de socializar “ Cómo se define un ser humano frente a entidades que tienen modos de materialidad” (Vilca, 2019) entendiendo que la materialidad se refiere a otras dimensiones de la existencia; el mundo se amplía no solo es humano.

Para los pueblos originarios la vida y la muerte son dos caras de la misma moneda, así como es el día y la noche. La vida es el reverso de la muerte, y ésta de la vida” (Vilca, 2019). Se tiene que morir para volver a nacer, es decir se tiene que morir para volver a vivir. La muerte es un paso trascendental en la vida porque la vida retorna a su principio, la muerte es el camino de retorno al principio. “De la muerte viene la posibilidad de una nueva vida (Bascopé, 2001). Al morir las personas pasan a otro nivel de vida y “Estos seres siguen actuando en la vida cotidiana, tienen una energía especial, son inspiradores de un ideal, están cotidianamente con nosotros”. (Vilca, 2019), son protectores que renuevan la vida. Esto nos permite pensar que uno no se termina aquí, sino que se vuelve a empezar. Para la cultura occidental, en cambio, la muerte es el fin de todo.

Vilca sostiene que la cultura Moche muestra esta concepción, en los dibujos los muertos están relacionados con los vivos, todos sometidos a ese nacer, crecer y morir. Los muertos no están en un ámbito separado de los vivos, como en la cultura judeo cristiana, aquí los muertos ya no vuelven más. Guamán Poma en sus dibujos nos recuerda que “la muerte es otro viaje de la vida misma”, los muertos están representados como dormidos más que muertos; son cuerpos “muertos pero vivos”.

Además, en los pueblos nativos, la muerte tiene que ver con la tierra, no sólo por el lugar donde está enterrada la persona que muere, sino por el sentido: es el lugar donde vuelven los ancestros, un lugar sagrado. La tierra es fundamental para darle sentido y retorno a esos seres.

Según el pensamiento andino, al morir las personas, el alma caminará una larga distancia en la cual puede tener hambre, sed, frío, quizás camine en forma solitaria o acompañada de muchos otros. Las almas no se marchan de manera inmediata a la otra dimensión de la vida. Ellas permanecen en el Kay Pacha durante tres años; no abandonan a la familia y sus seres queridos. Bascopé señala “es un tiempo de peregrinación del alma en busca de su plenificación” (Bascopé Caero, Victor, 2001). Luego de los tres años son despedidos pero no son olvidados. Cada año en el mes de Aya markay killa son recordados y esperados como “ñawpa almas” o almas que se encuentran en el tiempo pasado pero que al mismo tiempo están presentes en la vida cotidiana de su familia y comunidad. Ese sentido se manifiesta en las peticiones de bendición a la tierra cuando se siembra, se cosecha o se realiza una comida familiar y comunitaria. Siempre se nombran a los antepasados.

Es importante que después de muerto se hagan tres recordatorios o misas: al cumplirse el primer mes, a los 6 meses y al año, llamada el “quite del duelo o “ duelo pitina”.

El día de difuntos es el reencuentro de vivos y muertos, esta es una expresion profunda del ayni ya que todos y todas llegaremos a ese retorno. La fiesta de los difuntos y el reencuentro es una tradición mantenida desde muchos tiempos atrás, las mismas que se celebran hasta hoy en noviembre. La última semana de octubre llegan las almas de los niños y niñas. Luego la primera semana de noviembre llegan las almas mayores. El grado de compromiso de renovación y armonia es responsabilidad y compromiso de cada persona frente a los nuestros que se adelantaron. Según la costumbre se preparan altares en la casa de la familia del difunto con ofrendas y “figuras simbólicas en miniaturas preparadas de masa de pan y dulces” (Bascopé, 2001). Se va a los cementerios para el “encuentro y diálogo con las almas de sus antepasados. Las almas de los difuntos vuelven para compartir en la convivencia de difuntos y vivos de la comunidad. Esta convivencia da sentido de unidad y restauración de la armonía cósmica y el equilibrio de las relaciones existenciales. Son tiempos propicios para el inicio de una vida nueva.

Es importante señalar que cuando las personas se olvidan y abandonan a sus antepasados, ellos y ellas “sufren, lloran, buscan por todas partes, esperan cada día por si acaso se retrasaron y lleguen”. Al no encontrarlos, emprenden el retorno expresando “Ichapish shamuk wata shamunkakuna” ( quizá el otro año vendrán, Regresaré el otro año (Información de María Francisca Quizhpe Lozano, 1985). La presencia de las almas se determina por los signos del viento, la presencia de aves, mariposas, insectos o se puede sentir la energía de ellas. Las ofrendas para las almas mayores son las velas, chicha, flores y comida preferida por ellas. Las ofrendas para los niños y niñas son la colada morada o “api”, chocolate y leche. Las guaguas de pan, figuritas de masas de pan adornado con flores de colores son símbolos de las almas de niños y niñas muertos.




1Guamán Poma (1987) señala que noviembre es Aya markay killa, mes de llevar difuntos, la fiesta de los difuntos. Aya quiere decir “difunto”, es la fiesta de los difuntos. 

EL CAMBIO DE AUTORIDADES EN LAS COMUNIDADES

 EL CAMBIO DE AUTORIDADES EN LAS COMUNIDADES

Sisa Pacari Bacacela Gualán (Diciembre de 2021)


El solsticio de invierno celebrado el 21 de diciembre de cada año es una fecha que implica cambio de autoridades comunales en relación con el nuevo camino del sol. En el kapak raymi de tiempos antiguos se designaban jóvenes con proyección de futuras autoridades a quienes lograban pasar pruebas demostrando valores de honestidad, lealtad y trabajo. Las comunidades, los pueblos o llaktas tienen un modo de vida real que está en las expresiones de ese clima cargado de referencias históricas dentro del cual transcurre su existencia concreta. Por el sentido rotativo del poder y dirección, las comunidades renuevan sus autoridades, así como el sol camina no se puede permanecer en un solo puesto. El cambio de autoridades es un proceso de aprendizaje en el ayllu y en el ayllullakta.


En el Tawanitnusyu se tuvo principios organizadores que permitían la relacionalidad entre los diferentes suyus o regiones con sus pueblos o llaktas, los ayllus y comunidades además de mantener comunicación con las diferentes deidades de los lugares sagrados. La organización del Tawantinsuyu estuvo basado en divisiones duales a varios niveles. Cada región, pueblo y comunidad tenía un jefe, líder o curaca. Este proceso organizativo desapareció en la colonia y fue suplantado por el sistema español de gobernadores, alcaldes, fiscales, regidores. A partir de 1940 con la Ley de Comunas se llamó “cabildos”. Un aspecto central de la imposición de estos actos coloniales es el sentido de poder de una persona “superior” sobre los pueblos nativos. Ese poder lo vemos y lo sentimos ahora en las autoridades, en los funcionarios, en el cura, en los asambleistas, en el presidente de la república.


Herinaldy Gómez (2006) señala que en las comunidades andinas existen concepciones diferentes de autoridad, poder y justicia que estructuran una forma particular de comunidad y de solución de conflictos internos. El sentido del poder no es el mismo que el de la autoridad; el poder lo hemos heredado de la colonia, ese sentido vertical de la estructura social piramidal que está en las directivas de nuestras organizaciones. Esta verticalidad expone la competencia entre los seres humanos, por sobresalir por ser superior a los demás. La competencia es un valor derivado de la verticalidad, de la individualidad, del mercado, de la rentabilidad, de la lógica del capital y el poder colonial (Martínez, 2016:80). El poder es definido como “fuerza invencible” que produce esclavitud y el gobierno es “el que administra el territorio propio”. La autoridad es “ sabiduría de mandar o “mandar obedeciendo”. Una concepción a la cual corresponde los conceptos de justicia como “ saber salir a favor de otros sin equivocarse.” (Gómez, 2006: 687).


De acuerdo a esto para los pueblos andinos, autoridad y poder son dos conceptos opuestos y que se puede gobernar por medio de la autoridad o por medio del poder. Los pueblos nativos somos comunidades, somos territorio comunal, no propiedad privada, “somos comunalidad, somos compartencia no competencia, somos diversidad no igualdad (Martínez, 2016: 70). En nuestra comunalicracia priman los valores del trueque frente al mercado, la compartencia de la vida con la naturaleza, una comprensión integrada a la tierra. Los actos más significativos implican colaboración, apoyo mutuo y participación. La participación constituye un modo de colaborar en la creación periódica del cosmos que se percibe como un juego permanente de fuerzas, de descarga y recarga de energías.


Las comunidades tienen varios mecanismos de control social; antes las autoridades de las comunidades, a nivel general, se regían por el sistema colonial de gobernadores, quinto gobernadores, alcaldes, fiscales, alguaciles y regidores (Bacacela, 2007) sometidos a la autoridad mestiza estatal. Al desaparecer este sistema, los cabildos continuaron bajo un esquema de dependencia del Ministerio de Agricultura y Ganadería, o del cura párroco, quien avalizaba y posesionaba. Con el avance de derechos, hoy en día, las comuneras y comuneros son quienes posesionan a su autoridades. Desde que se retomó la celebración de las ceremonias del Kapak raymi, en Saraguro, (1996), se cambió el nombre de cabildo y hoy se los denomina “kapak”; en otras comunidades, como del Azuay, se continúa llamándolos “cabildos” o consejos de gobierno.


El cambio de mando es un conjunto de acciones simbólicas y ceremoniales, en el cual intervienen varios elementos, como la palabra, el espacio, el tiempo, el orden, los participantes. Se trata de una elección anual que le confiere un sentido simbólico y ritual de continuidad cultural, de perpetuación de los principios organizativos de los ancestros, de asignarle la función de veeduría del bienestar de los comuneros y del cuidado de los territorios comunitarios y sus recursos. Nuestras autoridades cumplen un doble rol: como defensor de las tierras comunitarias y como representante ante el estado y la sociedad mestiza. Es un proceso organizativo que garantiza la supervivencia cultural social y política de los pueblos nativos tan amenazado por los procesos globalizantes del modernismo.


Las autoridades del cabildo se nombran por consenso o por votación de comuneros y comuneras.

El cabildo y el consejo de gobierno es la autoridad como órgano de gobierno y administración central; ejerce múltiples funciones y responsabilidades, relacionadas con la agudización de la pobreza, la falta de tierras, los problemas educativos, la migración, la injerencia de sectas religiosas que dividen a las comunidades, los problemas mineros, la defensa de territorios y del agua, etc., la principal función es la administración de la justicia para solucionar conflictos internos que provocan desarmonización. Estos problemas de las comunidades, que no pueden resolverse son los retos del movimiento indígena frente a los gobiernos de turno.


Pese a que las autoridades de las comunidades tienen una estructura piramidal, parecido a los del sistema jurídico y político del sistema estado-nación, la consulta permanente, la plática y el consenso demuestra una horizontalidad que emana de la comunalidad (Martínez, 2016: 128). Las decisiones se toman por consenso basados en la legitimidad de los acuerdos, en el sentir de las mayorías, el sentir colectivo. Los consejos de gobierno de las comunas y comunidades son espacios por donde circula y se procesan los diferentes discursos individuales sobre los hechos para producir una valoración colectivamente aceptada. La autoridad se legitima solo en la medida en que sea capaz de permitir que se produzca o se ratifique el consentimiento comunal. De esta manera el cabildo y el consejo de gobierno es el punto de encuentro donde se recupera el sentido del poder que encarna sus comuneros/as y del control que estos ejercen sobre las autoridades que lo representan. Es importante destacar que no se concibe como un espacio para posicionar una cierta ideología , tener prebendas o satisfacer intereses personales.


Los consejos de gobierno de cada comuna, comunidad o pueblo no tiene una estructura uniforme de normas, procedimientos y sanciones. Sin embargo, las autoridades comunitarias mantienen una red de relaciones con los concejos de ancianos, las yachaks o guías espirituales, los ex cabildos, los médicos tradicionales, asociaciones de jóvenes, mantienen un tejido de comunicación y comunalidad para velar por la convivencia y el bien estar de sus miembros.

La convivencia en las comunidades se expresa cuando comuneros y comuneras se sienten parte de estar contentos, de vivir bien, de vivir en tranquilidad de tener que comer, y poder compartir; es decir de poder expresar la experiencia vital de “estar” y “saberse parte” de una comunidad y de los deberes para con ella. “La convivencia de todos, es el compartir con reciprocidad porque hay una mutua dependencia” (Gómez, 2006: 697). Pensamiento que lamentablemente en los últimos tiempos está deteriorándose.


La continuidad cultural se expresa en la reproducción y el mantenimiento del sistema simbólico que el poder comunal proyecta y reclama de sus autoridades. El desafío es luchar para no perder lo nuestro y transmitir la enseñanza de los mayores a las futuras generaciones. De ahí, los principios valorativos Munay, -voluntad consciente de amar,- Llankay, - trabajo diario,- Yachay, -sabiduría,- conducen a trabajar con voluntad, sacrificio, sin pago, por el bien colectivo para alcanzar el equilibrio. Principios bajo los cuales se conducía todo el comportamiento social, político, ético y moral de la sociedad del Tawantinsuyu.


A DONDE VAMOS CON LAS DESIGUALDADES DE LA EDUCACIÓN

 La pandemia del COVID-19 puso en evidencia las desigualdades y la crisis educativa y social que se venía dándose desde hace décadas con el neoliberalismo. En el 2007 hubo cerca de 30 mil planteles educativos y hoy existen 15 mil. En la década correísta, bajo el nombre de “calidad educativa” se cerraron centros educativos y se los concentró en los elefantes blancos del milenio; con esta política y la pandemia los más afectados fueron las escuelas públicas y comunitarias bilingües.

Enfrentamos la pandemia con reducción de presupuesto en salud y educación y por supuesto disminución de personal docente; sin recursos tecnológicos los docentes y la mayoría de los y las estudiantes ya que en las áreas rurales no ha llegado los servicios de internet y por las condiciones económicas las madres y padres de familia no han podido comprar una computadora o un buen celular para cada uno de sus hijos estudiantes.

De lo señalado en la consittución, (2008) el 6% del PIB para la educación en estos años de pandemia el estado ha invertido apenas el 2,7% dejando la responsabilidad al docente y a las familias. Por supuesto hubo reacciones diferentes y los docentes, dejando al margen su seguridad, asumieron la responsabilidad social de continuar con la educación pero abriéndose paso a un escenario distinto al trabajo que lo venía realizando. El maestro y la maestra debe cubrir todos los gastos con la educación virtual, internet, luz, nuevos equipos, celulares, y trabajar más de 14 horas. El tiempo que dura la clase virtual acumula y comprime todos los tiempos. Creció además la vulnerabilidad social y la exclusión de miles de estudiantes de los sectores suburbanos y rurales. Este escenario fue muy bien aprovechado por las corporaciones internacionales que habían adelantado la educación privada, fue la mejor ocasión para realizar “El tendido de redes digitales, la provisión de equipos y la venta de software aplicado a la educación fueron rápidamente ofrecidos por las corporaciones a los gobiernos nacionales y subnacionales” (Adriana Puiggrós, IEAL/ 2021).

En este sentido desfinanciar el sistema educativo, reducir los presupuestos y liquidar las herramientas de regulación estatal, laboral y de derechos, nos conduce a sentir que la educación es cada vez privilegio de pocos.

La ministra María Brown exfuncionaria correísta, hoy ministra de educación de Lasso, dispuso el retorno “voluntario” a las clases presenciales, desde el 7 de junio; y dentro de estas instituciones educativas el 60% son de carácter privado(Declaraciones Presidenta de UNE), donde cuentan con buena infraestructura y bioseguridad, no así, los planteles fiscales que no disponen de edificios adecuados, se encuentran en las peores condiciones después de haber sido abandonadas por más de un año y las influencias de la época invernal. No es igual mantener las condiciones de seguridad e higiene en establecimientos hacinados, sin ventilación, sin personal auxiliar y, a veces, sin agua, que en ambientes espaciosos y acordes a la tarea educativa que disponen las privadas.

A la ministra correísta no le interesa la salud de toda la comunidad educativa (estudiantes, docentes, padres y madres de familia) y la comunidad en general, ni los conocimientos que hayan logrado adquirir con las aulas virtuales. De ahí que las clases virtuales jamás podrán reemplazar al maestro y maestra porque los/las estudiantes solos no pueden desarrollar las destrezas de aprendizaje de manera correcta. El maestro Rafael Riofrío Tacuri, (11 de junio 2021), con mucho acierto señala, “la enseñanza presencial es la manera en la que los estudiantes aprenden mejor. Que la escuela es también un espacio democrático de formación de la conciencia crítica, la solidaridad y el compromiso a combatir todas las formas de injusticias sociales para garantizar el desarrollo y el bienestar en todos los demás aspectos de la vida humana”.El centro educativo es el segundo espacio familiar donde los estudiantes interactúan con el medio circundante. Maestr@s y estudiantes son insustituibles y por eso la presencialidad es importante y necesaria no solo para el aprendizaje sino para la vida; sin embargo para volver a ella debe haber condiciones de bioseguridad, sin las cuales la vida está en peligro.

La educación mediante dispositivos virtuales puede ayudar a mejorar las condiciones educativas pero a la vez la virtualidad puede ser un mecanismo de mercantilización de la educación. La lógica mercantil de los grandes monopolios informáticos es dirigir la educación hacia el mantenimiento del estado represor dominante y patriarcal y la destrucción del sentido social y solidario de la sociedad en beneficio del control global por una élite internacional.



De ahi que dependerá de la fortaleza de las organizaciones sindicales, de los movimientos sociales, de las organizaciones indígenas, de la voluntad y capacidad de las fuerzas populares y de los límites efectivos que las políticas públicas le pongan al poder del capitalismo salvaje y depredador. Urge la unidad a nivel latinoamericano para defender la educación pública, gratuita y laica, pensado, sentido y dirigido por los propios actores y beneficiarios y no la imposición de modelos extranjerizantes. Y finalmente esta frase lo resume todo: contra la desigualdad de la educación, vamos por una educación liberadora, transformadora, forjada desde los barrios, las comunidades y los pueblos oprimidos. Una educación que ponga en el centro a la Vida, la Salud de la Madre Tierra para tener la salud humana. Caso contrario marchamos hacia una sociedad globotaria totalizante cada vez más violena, excluyente y polarizada.

enero/2021


martes, 7 de mayo de 2019

El Código secreto de Macchu Picchu



https://codigodemachupicchu.blogspot.com/?fbclid=IwAR3hTF3cK-cvU2Ioxb6QeS4bU9BGPV1X5UO4nEOsWd_Ji4-X3HsXnuSBo7o

El codigo sereto de Machu Picchu. Zadir Milla. 24 de junio de 2011.
cinco milenios de historia  sustentan la capacidad creativa  y el diseño de los 14 incas cusqueños  del silgo 15.  los ultimos de la larga lista de 104 incas gobernantes que citara el cronistas Blas Valera. en el Machu Picchu ses guardan los  elementos arquitectonicos_ huancas,  ushnus, sukankas,; o animales simbólicos como el cóndor,  la alpaqa, el jaguar,  la serpiente, el picaflor,  el sapo. iconos geométricos como  el Escalonado, los tres mundos, el cuadrado y el diagonal. y otros presentes en el tawantinsuyu milenario.

El Código Secreto de Machu Picchu y las claves de su simbolismo

La iconografía arquitectónica de Machu Picchu proviene de géneros creativos ancestrales. De uso emblemático, ritual, señalético y estético, su arte megalítico se inspira en el imaginario mitológico de la Cosmovisión Milenaria Andina. 

Desde un enfoque funcional de su diseño, el Santuario de Machu Picchu fue Casa de las Huacas o Wak'a Wasi y Casa del Saber o Yachay Wasi, pues posee instrumentos funcionales como observatorios y altares astronómicos, templos,  emblemática y señalética que indican un espacio de función agrícola, ceremonial y cultural. A este lugar, situado al final del camino sagrado al Antisuyu,  habrían acudido en peregrinaje maestros y jóvenes inkas desde el Cusco. Semejante monumento fue creado para vivirse y mostrarse.

La arquitectura de sus andenerías ubicadas en los diversos pisos ecológicos que abarca esta "ciudadela", a lo largo de 1000 metros de altitud, desde los 1700 al pie del Urubamba hasta los 2700 m.s.n.m. en la cima del Monte Wayna Picchu, muestra que su diseño arquitectónico agrícola estuvo destinado a la experimentación y desarrollo de semillas, así como a la diversidad de cultivos. En aquellos tiempos la agricultura era considerada como una actividad sagrada, dirigida por los Tarpuntaes o sacerdotes sembradores...


Machu Picchu tenía una huanca al centro de su plaza central, rodeada de ushnus o altares escalonados al igual que Caral. (fotografías de archivo)



La Huanca de la Plaza Central de Machu Picchu fue retirada en 1976 para que baje el helicóptero del Rey de España ... Actualmente, este hito central del santuario inka más emblemático y visitado del Perú está roto y las autoridades no se han manifestado en restaurarlo y colocarlo en su lugar original...



Caral (5000 años de antigüedad) y Machu Picchu (600 años de antigüedad) son "ciudadelas" hermanas en su concepción (...y guardando las distancias).  El descubrimiento de Quipus en ambas comprobaría la veracidad de las narraciones del cronista Blas Valera, quien "leyera" de los quipus la historia de 104 inkas a lo largo de 4500 años, desde que Pirúa Paqari Mallqu fundara el Tawantinsuyu hace cinco milenios... Lo cierto es que las concepciones culturales e iconográficas en los Andes son similares durante todo este largo período.



El Altar de Wira Qocha, mal llamado "las cárceles".



La Huaca de los Apus o el Altar de las Montañas Sagradas. El diseño de Machu Picchu integra diversas escalas en su concepción. En él dibujan el Sol, la Luna, las constelaciones, las montañas, la arquitectura y las piedras. 



La terraza de la Alpaqa es una de las figuras que pone en evidencia la intención iconográfica de la traza arquitectónica de Machu Picchu en sus diversas escalas. 



El Ushnu dibujando el perfil de una cabeza de Cóndor devela una de las claves del diseño de Machu Picchu, la del dibujo con andenes en correspondencia con funciones arquitectónicas. A partir de esta observación se deducen otras imágenes ocultas tras el simbolismo sagrado de Machu Picchu.



Plano del Circuito de huacas de Machu Picchu

lunes, 18 de marzo de 2019

https://perufolklorico.blogspot.com/2019/03/cultura-el-codigo-blas-valera-una-nueva.html?fbclid=IwAR06cFXU44ZjBiOPdTwNR9xDcjqHmBk5hPcYl_bntwfUxD7KPpiEIYbIOQw

domingo, 28 de octubre de 2018


EL  CICLO DE LA VIDA, LA SOCIEDAD DE VIVOS Y MUERTOS Y SU REENCUENTRO
Sisa Pacari.
El ciclo de vida y muerte.
En las comunidades andinas, la vida y la muerte constituyen un permanente  renacimiento, cuyo símbolo es el  churo en el centro de la chakana; vida y muerte es algo inseparable, el uno del otro.
  La muerte no es el final o la terminación del ser; se concibe a la muerte  como el  cumplimiento y culminación de una etapa de la vida. Es la llegada a un momento de la permanencia en la existencia de los seres. De ahí la expresión “Ñawparkallami”,  él o ella  solo se adelantó.
En este sentido,  entendemos que la muerte es como un viaje a otra dimensión de la vida.  El paso a otro nivel del cosmos. La muerte no es final o la terminación del ser. Es la continuidad del ser dentro de la totalidad existencial  
A partir de la experiencia de la muerte en las comunidades andinas, se comprende el sentido de la trascendencia e inmanencia del espíritu de los seres. Después de la muerte podemos estar en el más allá y también en el mundo de los vivos, el kay pacha. El kay pacha “es un producto de la complementación y del equilibrio entre  los dos ejes” tiempo y espacio que se superponen. “La vida y la muerte humanas son fenómenos que se ajustan al comportamiento general del universo y expresan la interacción generatriz y reproductiva  suscitada entre el inframundo ukupacha y el supramundo o hawapacha” (Sánchez, 2015, p. 68).

Volver al origen de la madre tierra: Al seno de la pachamama
El ritual funerario y su significado
Cada una de las comunidades tienen sus costumbres, formas  y ritos. Tienen el carácter festivo; en algunas, hay abundancia de comidas, bebidas, colaboración solidaria de la comunidad. Sin embargo, presentaré algunas de las formas vividas en las comunidades de Saraguro.
En el  cuarto de velación está una hermosa chakana, con flores y luces. Nuestra chakana del cual venimos y nos guía  el corto tiempo de permanencia en esta tierra.  Durante la velación se  canta y se cuenta  la vida del difunto. Esto recuerda  lo que se hacía en la época del Tawantinsuyu a los jefes, incas y  los muertos, como señala Garcilazo de la Vega. Los cantos y poesías que se hacían en aquellas épocas se  llamaba wanka o Lanka, eran himnos y cantos fúnebres.
En el ritual fúnebre en Saraguro  hay dos  espacios y dos momentos de despedida:
1)    El espacio de la casa. En esta morada habitual se cumple la velación. Se viste con el mejor traje: azul negro y blanco. Antes los curas  impusieron que se  vista con un manto café de San Francisco o de  algún santo. A partir de  la década del 1970 del siglo pasado, cuando la misma religión católica insertó  a nativ@s en la catequesis se reflexionó y  se retomó  hacer con la propia vestimenta.
1.1)             La primera despedida. El  día del entierro,  todos los familiares se despiden, conversan, piden perdón y  envían mensajes a los  antepasados muertos. El cadáver sale de la casa.  Lo cargan los ahijados, no  hace la esposa ni el esposo.  Los familiares del finado no deben participar en el traslado del cuerpo. El ayni de llevar los restos mortuorios corresponde a los otros miembros de la comunidad, que en lo posible no tengan lazos de familiaridad sanguínea.
2)   El espacio del campo santo
Ritual de despedida en el cementerio: una vez  bajado  el cadáver y  colocado en la fosa, es el momento triste; la primera porción de  tierra lo arrojan los familiares más cercanos, si es  casado, lo hace la pareja, si  es soltero,  hacen  la mamá y el papá. Luego continúan  otros familiares y los sepultureros.  Cumplido este paso  se dan algunas acciones de acuerdo a las costumbres de cada comunidad. En San Lucas, existe  la tradición de  que los  amigos den  caramelos a los niños y niñas que han acompañado al cementerio. Y   luego, ahí en el cementerio, los  familiares del  decesado  brindan  comida a todos los asistentes, (informa Carmen Vacacela). Y este compartimiento alimenticio termina en la casa.
Ritual de recordatorio
El concepto de trascendencia a otro nivel  del cosmos es importante y por eso no se puede olvidar.  Durante un año   se hacen    las ceremonias  recordatorias: esto es, una misa al mes, a los tres meses, a los 6 meses  y  al fin  al año. ¿Por qué?  Son  4 veces,  que simboliza  las 4 partes de la chakana o cruz del sur, los cuatro principales raymis.
En esta misa del año  existe un ritual muy particular.  Todos los familiares, vecinos y amigos sse convocan  en la casa del finado/a , van al cementerio llevando  comidas, frutas y bebidas. Es  una gran fiesta.
 De retorno en la casa del finad@, se realiza el ritual de la última despedida.  Los familiares se visten con las ropas del difunto  y simulan revivido al difunto. Cargan sus ropas y bailan en círculo.  Entre baile y baile van despojando la vestimenta  del que representa al difunto, luego queman, o regalan para algunas personas, señala  Carmen Vacacela. Es  el ritual del año, de la despedida para que el alma o samay del difunto pueda trascender al hawa pacha o cosmos y formar  parte de la sociedad de los muertos. Solo después de esto  el samay o espíritu entra  en acción y reciprocidad y ayni con los vivos, con su comunidad.   Se vuelve más etéreo y con el tiempo se convierte en los mallkis y  descienden al uku pacha, al seno-centro de la tierra, de donde cobró el palpitar y pasa a integrar la sociedad de los ancestros;  que yo los llamo  son los ancestros cósmicos y biológicos. Con esta despedida del año, se  produce el rompimiento, la disgregación de lo material-terrenal para volver a ser energía. De ahí que, una vez  cumplido el año los mayores cuentan,  que decían “Ahora sí, papito, mamita quedas en plena  libertad para  buscar otra pareja, para rehacer tu vida”. Hasta ese momento,  el  deudo  tiene respeto, se siente comprometido y ligado  a la persona fallecida.
 Antes del año,  el espíritu del difunto permanece en la tierra, cuidando a sus seres queridos. De volver a casarse antes de este tiempo, el difunto  sufre porque no puede entrar en la casa, informa mama Rosa Vicenta Guamán. Su lugar ha sido usurpado. Solo se queda contemplando  desde la distancia. Así señalan, que en sueños  el alma de la persona, habla a los hijas e hijas.
El ritual funerario en todas las culturas originarias-históricas ha sido una parte sustancial de la cohesión social, “del propio sistema de integración de los individuos", asegura Miguel Rivera. "El muerto no desaparece, sino que continúa en la sociedad y es parte de la integración de todos los miembros de esa sociedad".
Ritual de niños y niñas
 Cuando mueren los niños  y niñas hasta la edad de 13 años se baila. Se arregla un altar de blanco y celeste y se vela por 3 días.
Para el ritual de la primera despedida  se hace  lo siguiente: antes de salir de la casa se realizaba una ceremonia, que consiste en  bajar del altar, colocarlo en el ataúd;  tomar las bendiciones de la mamá, del papá y de los familiares maternos y paternos. Luego en un  círculo,  colocando el cadáver al centro, se baila con las velas o cirios.  Si es niña, lo cargan  niñas, vestidas de sarawis o vírgenes del sol;  si es niño, lo  cargan los varones. En el camino de la casa al cementerio , la caminata se hace  acompañado de  la música.  En nuestra filosofía,  los niños que morían se convertían en estrellas y ocupaban un lugar en el  firmamento.

El lavatorio jila takshana o el picha (5)
A los tres o 5 días después del entierro se convoca a todos los familiares del finado para proceder al lavado de sus prendas de vestir y el año del doliente y sus familiares. Estas actividades se hacen en una confluencia de ríos. El lavatorio va acompañado de unos rituales propios para estos momentos. El baño del o la doliente significa la purificación del samay o aliento con los del “aya”; dicen para que el río se lleve hacia mamakcucha todos los “jamazhis” (el robo del aliento, energía por otra persona), dolores y sustos. El lavatorio del cinco se trata de la purificación de las ropas,, quinees lavan en el río no deben  mandar ninguna ropa en el agua, porque  esto trae malos augurios. Luego se  hace la limpieza y purificación del ambiente y de la vivienda del difunto. Se queman las ropas  o se dividen entre los hijas e hijas. Todas las pertenencias del alma deben ser despachadas adecuadamente.
Según las costumbres que difieren de lugar a lugar, algunas de las vestimentas del finado pueden ser entregadas a sus familiares, o algún comunere, según el rol de importancia que éstos desempañan en la  comunidad

EL REENCUENTRO ENTRE VIVOS Y MUERTOS:  día de los difuntos
 No es posible dejar la pertenencia a este mundo, la sociedad de los vivos. Los muertos viven en permanente relación con sus familiares y la comunidad. Esta realidad de relaciones del alma con los vivos, “incluso se logra después de los tres años” (Sánchez, 2015), cuando se despide para el encuentro con el origen.
En la cosmovisión de pueblos nativos, los seres humanos  no mueren, pasan a otra vida donde el diálogo es posible. Los ingredientes principales para "dialogar" con los muertos son el champús y el pan amasado en casa. “La preparación del champús, el alimento ritual funerario de los pueblos del norte, requiere harina de maíz, panela y hojas verdes de limón. Esta preparación es consumida exclusivamente en noviembre o en los funerales de adultos y es considerada como la colada predilecta de los muertos”.
La fiesta de los difuntos, en las comunidades andinas, así como en otras comunidades originarias raizales de América Latina, es muy importante.  Se hacía todo el mes de noviembre por eso se le llamaba ayamarkay
El día de los difuntos es el reencuentro  de la sociedad de los muertos o  mundo de los espíritus con la sociedad de los vivos. Este día,  se debe  llevar la comida preferida del que en vida fue, se prepara la víspera  y el día dos de noviembre   en el campo santo se  comparte con las almas, se  come y se hace intercambio con  los familiares. Recuerdan que antes  de las comunidades de la parte oriental (Oñacapac, Tambopamba, Ñamarin, Tuncarta) traían  matiuchu,  mote y carne, y en un mantel blano se  compartía la comida con todos los presentes. Inclusive  había música. Desde que estas comunidades  crearon su propio cementerio, debido a la distancia del  centro de Saraguro,  lamentablemente se ha disminuido esta tradición. Influidos por la religión católica y las sectas religiosas se está perdiendo, porque  estas religiones infunden en sus seguidores que no es fundamental  visitar el campo santo porque  “los muertos están bien muertos”.
Es importante anotar que  en la cosmovisión andina de Saraguro, se conoce que los espíritus o almas empiezan a llegar   desde el 30 de octubre. El día 31 es el retorno de las almas de los niños, el 1 de noviembre es el día de los vivos, de la espera de las almas mayores; y el 2 es el de difuntos.(Rodolfo Sánchez, 2015, p. 74).
El día primero  de noviembre, –día de todos los santos en la religión católica,-  se hacen las wawas de pan, caballitos de pan, los padrinos y madrinas regalan a sus ahijados. Este día se renueva el compromiso y la relación entre  padrinos –ahijados; ese  fue el compromiso que adquirió cuando aceptó ser padrine.
Las wawas de pan  en mi opinión  serían  el símbolo de los niños menores de 7 años que llevaban el mensaje a Wirakcucha el día del solsticio de Intiraymi,  cuando los incas, especialmente Pachakutik- pensaron que se cerró  el camino de comunión entre vivos y muertos, y que los dioses habrían abandonado para siempre su creación, según expresa Sullivan; estos niños llevaban el mensaje  pidiendo a los dioses la permanencia y vida humana en el planeta tierra,  que no se de un pachakutik de la oscuridad, “Ama Pachakutik”.

 Si  los familiares no se van al cementerio, las almas  están allí tristes,  buscan por todas partes, preguntan si no han visto a los familiares. Esperan y luego de la semana retornan diciendo “No han venido… nadie aparece,  se han olvidado de mí, “shuk wata kutisha, ichapish chayman shamunkakuna”.
Por eso es importante no olvidarse de las almas para no romper  esta relación de convivencia. Las almas o espíritus de los difuntos retornan para compartir en la convivencia de muertos y vivos de la comunidad. Esta convivencia da sentido de unidad y restauración de la armonía cósmica.
La muerte trae unión y memoria, no separación ni olvido, de ahí que, esas relaciones sociales  son más significativas para los vivos que para el propio muerto.
Signos de  la muerte
En nuestras comunidades hay personas que conocen los signos de la presencia de la muerte. Es decir conocemos y entendemos el lenguaje de la muerte. El alma de la persona que va a morir se presenta con  un año de anterioridad,  “recoge los pasos”, es decir viaja por los lugares que en vida  transitó. En este viaje, puede aparecer y conversar con la gente conocida  de su familia y muy especialmente con aquellas personas con quienes tiene alguna deuda que pagar o cobrar. Cuentan las personas que lo han visto corriendo, cansado y destilando abundante sudor (jumpi sapa tuparka).
Los signos de la presencia del alma de la persona que va a morir   son diversos. Existen las huellas del alma en los caminos recorridos, lo llaman “aya kuynay” el vómito del alma; el lloro del búho;  la presencia de ciertas aves en las casas; los signos de la producción de los cultivos, “sapalluta tarpushpa, ancha pukukpika, sapalla sakirinki”, la persona sembró el sapallo o cualquier otro producto y  ese año fructificó  en demasía, señalan las compañeras puruhaes;  las aguas de las fuentes o vertientes manifiestan  un estado diferente al normal; las personas demuestran un tipo de cansancio  en las caminatas y en el trabajo; “la presencia de ciertas formas de vientos, los matices de la luz del atardecer (antawara); la manifestación de la imagen de la persona que va a morir (especialmente en las noches de luna); las pesadillas que sufren algunas personas en la noche de sueño (alma ñit'in)”, acota Rodolfo Sánchez. La persona se muestra envejecida en el último tiempo; han visto  en su físico una calavera, es decir hay un cambio en su rostro y en su forma física y por que no decirlo en su interior, cuando ha  realizado una acción que  en su vida nunca lo practicó o dijo.
Saraguro, 27 de octubre del 2018